El proyecto, enviado en su momento por el Poder Ejecutivo, ya tenía media sanción del Senado desde mayo. Faltaba Diputados, y esta semana lo destrabó: 234 votos afirmativos, 4 negativos (los cuatro de la izquierda) y ninguna abstención. El acuerdo en sí se había firmado en Río de Janeiro el 7 de diciembre de 2023, así que el trámite parlamentario completo tardó casi tres años.

Qué cambia, en la práctica

La letra del acuerdo es asimétrica, y esa asimetría es justamente lo que lo hace atractivo para el Mercosur. Singapur se compromete a desgravar la totalidad de su universo arancelario para bienes agrícolas e industriales, sin excepciones. El Mercosur, en cambio, avanza mucho más gradual: mantiene protegido un 9,2% de su comercio con Singapur (433 posiciones arancelarias excluidas), y algunas categorías van a tardar hasta 15 años en desgravarse por completo.

Dicho de otro modo: Singapur abre la puerta entera de entrada, mientras el bloque sudamericano se toma su tiempo para abrir la propia. Es un esquema que se repite en varios acuerdos de este tipo, y que en el debate legislativo se destacó como uno de los puntos a favor: permite sumar el beneficio comercial sin desarmar de golpe las protecciones locales.

Por qué Singapur, un país de 6 millones de habitantes

El tamaño de la población de Singapur no dice nada sobre su relevancia comercial. Lo que importa es su infraestructura: es uno de los centros financieros, logísticos y portuarios más grandes del mundo, y funciona como plataforma de distribución hacia el resto del sudeste asiático. Como resumió el diputado Damián Arabia durante el debate: "Es la puerta por la que podemos pensar que los productos de la Argentina ingresen al Asia Pacífico. Estamos hablando de la carne, peras, manzanas, productos pesqueros".

Según el propio Ejecutivo, los sectores con más para ganar son agroindustria y alimentos ( Singapur importa la mayor parte de lo que consume), energía, minería, tecnología y economía del conocimiento, y también las pymes, para las que el acuerdo prevé mecanismos específicos de apoyo a la internacionalización.

Manzanas rojas maduras colgando de las ramas de un manzano
Carnes, peras, manzanas y productos pesqueros fueron los ejemplos que se repitieron en el debate parlamentario.

La letra chica: triangulación y protecciones

Un detalle no menor: el acuerdo incluye reglas de origen y procedimientos aduaneros pensados específicamente para evitar la triangulación, es decir, que productos de terceros países (China es el caso que más se mencionó en el debate) entren al Mercosur pasando por Singapur solo para aprovechar las preferencias arancelarias sin ser, en rigor, de origen singapurense.

El Mercosur, por su parte, retiene mayor protección en sectores industriales sensibles: químicos, farmacéuticos, textiles, calzado, plásticos y productos metalúrgicos y eléctricos. Argentina, además, mantuvo reservas propias en sectores considerados estratégicos, como agricultura, pesca y minería, particularmente en lo referido a la actuación de altos ejecutivos extranjeros en esas actividades.

Un primer paso hacia algo más grande

Varios legisladores plantearon el acuerdo como punto de partida más que como destino final. El presidente de la Comisión de Mercosur, Eduardo Valdés, lo calificó como "un buen camino para la Argentina" y dijo que ojalá sea el primero de una serie con la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN) completa. El diputado Santiago Cafiero coincidió en el respaldo, aunque con una advertencia: la integración comercial, dijo, no puede basarse únicamente en la exportación de recursos naturales sin agregado de valor.

El desafío, ahora que el acuerdo ya es ley, pasa a ser otro: convertir la apertura arancelaria en negocios reales. Arabia citó un dato que va en esa dirección, aunque corresponda al comercio exterior en general y no específicamente a este acuerdo: en los primeros siete meses de 2026 las exportaciones argentinas crecieron casi 23%, y dentro de ese total las pymes exportadoras crecieron 26%, y las micropymes, más del 30%.