El 31 de julio, el Poder Ejecutivo firmó el Decreto 697/2026, publicado poco después en el Boletín Oficial. Modifica varios decretos que venían de los años 70, 90 y 99, y toca tres cosas bien distintas del sistema de control de alimentos: qué insumos pueden entrar al país con menos trámite, quién controla las importaciones, y cuánto duran ciertos papeles que hoy tiene que renovar cualquier persona que manipule alimentos para trabajar.
El corazón de la medida: insumos, no solo productos terminados
Desde 2025, un decreto anterior (el 35/2025) ya permitía que los alimentos terminados provenientes de países con estándares sanitarios reconocidos (Estados Unidos, la Unión Europea, Suiza, Canadá, Israel, Japón, Australia, Nueva Zelanda, entre otros) entraran al país con la sola certificación de origen, sin pasar por todo el trámite de incorporación al Código Alimentario Argentino (CAA).
El problema, según lo explica el propio decreto en sus considerandos, es que ese régimen no alcanzaba a los aditivos, coadyuvantes de tecnología e ingredientes que la industria nacional usa como insumos para fabricar sus propios productos. Eso generaba una asimetría llamativa: un producto terminado importado que contenía determinado aditivo podía entrar sin problema, pero un fabricante argentino que quisiera importar ese mismo aditivo para producir algo equivalente acá se topaba con toda la carga regulatoria completa. El Decreto 697/2026 extiende el mismo reconocimiento de certificaciones a esos insumos, y además incorpora los productos evaluados bajo las normas del Codex Alimentarius (el estándar internacional de FAO y la OMS).
En la práctica, para los productos alcanzados alcanza con presentar la declaración jurada de importación: la autoridad sanitaria nacional no puede pedir trámites adicionales. Eso sí, hay límites explícitos: no aplica a productos con fines medicinales o terapéuticos, y si el Código Alimentario Argentino ya tiene condiciones de uso específicas para esa categoría, esas condiciones siguen mandando por sobre lo que diga el país de origen.
Un solo organismo a cargo del control
La segunda pata del decreto es organizativa. Hasta ahora, el control de las importaciones alimentarias estaba repartido entre distintos organismos, con superposiciones que el propio texto reconoce. El decreto deroga varios artículos puntuales del Decreto 815/99 y concentra esas funciones en el SENASA (Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria).
La ANMAT no pierde competencias: sigue a cargo de lo que le corresponde específicamente en el ámbito de la salud humana, y la actualización del Código Alimentario Argentino la van a seguir haciendo de forma conjunta ANMAT y la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca. Lo que cambia es quién controla y fiscaliza puntualmente las importaciones: eso pasa a depender de un solo organismo, con una Base Única de Datos que SENASA administra y que las autoridades sanitarias de todo el país tienen que actualizar todos los días.
Menos trámite en el día a día
Dos cambios más chicos, pero con impacto directo en quien trabaja en la industria. Primero, los carnets de manipulación de alimentos pasan a tener validez en todo el territorio nacional y dejan de vencer una vez otorgados: se termina la obligación de renovarlos cada cierto tiempo. Segundo, la autoridad sanitaria competente tiene ahora un plazo máximo de 30 días hábiles para expedirse sobre la autorización de un producto alimenticio nuevo.
Ninguno de los dos cambios es menor si trabajás con alimentos: certeza sobre plazos y menos trámites recurrentes es, muchas veces, más valioso que cualquier beneficio impositivo.
Por qué esto importa más allá del rubro
Al margen de lo que signifique para quien produce o importa alimentos puntualmente, el decreto es un buen ejemplo de hacia dónde viene apuntando la política de importaciones en general: reconocer certificaciones de países con estándares ya probados en lugar de exigir que cada producto repita todo el trámite local desde cero, y concentrar el control en menos organismos para que las reglas sean más previsibles. Es la misma lógica, aplicada a un rubro distinto, que se viene viendo en otras áreas del comercio exterior este año.